¿Qué es terapia ecuestre?

Hipoterapia: Llamamos así a las actividades terapéuticas realizadas con caballos y dirigidas a personas con discapacidad, en las que el paciente no ejerce ninguna acción de mando sobre este. Siendo el caballo sobre el que se coloca a estas personas el que actúa como rehabilitador y reeducador, con su ritmo en el movimiento tridimensional, el calor y su presencia

 

Equitación terapéutica: Actividades ecuestres dirigidas a personas con enfermedades o afecciones discapacitantes e inadaptaciones, en las que estas ejercen una acción de mando sobre el caballo, tanto en la preparación como en la conducción o manejo de este, orientadas a reeducar, corregir, mejorar o paliar síntomas.

Equitación adaptada: Son las actividades ecuestres dirigidas a personas con alguna discapacidad cuya finalidad es el empleo del caballo como deporte ocio o esparcimiento.

Volteo terapéutico: Más simple que el volteo tradicional o tan complejo como éste, se trata de la realización de ejercicios sobre el caballo mientras éste está en marcha o parado.

 

Beneficios de la terapia con caballo

La terapia con los caballos ayuda a reajustar el auto concepto hacia una versión más sana de la persona, eleva la autoestima,  mejora la  autoimagen,  fomenta una mayor conciencia corporal, y desarrolla el lenguaje corporal para un uso más sano y liberador en las interacciones con el mundo, colabora  a un mejor manejo de los impulsos y emergencia de emociones desagradables, desarrolla la capacidad de poner límites y ser asertiva, mejorando las relaciones con la autoridad, ayuda a conocer los propios miedos para escuchar el mensaje y la función que tienen y aprovecharlos en propio  beneficio, mejora la comunicación y por su puesto  aumenta la motivación como principal motor vital, ayuda a disociarse de los problemas,  para desde ahí trabajar potenciando la parte sana de la persona, mejora la empatía, mejora la atención, concentración y memoria,  fomenta la autonomía y superación personal,  fomenta la responsabilidad personal sobre las propias decisiones y acciones,  y en el  área puramente psicomotora, mejora el equilibrio, fortalece la musculatura, mejora la coordinación, los reflejos, la planificación motora, mejora la capacidad de relajación de la musculatura, reduce patrones de movimiento anormales y mejora el estado físico en general. Todo esto,  en un ambiente de naturaleza, que siempre es saludable y nos ayuda a  contactar con nuestra naturaleza salvaje, nuestro instinto, despertando  nuestros sentidos en su concepción más amplia,  que a veces tenemos dormidos o “domesticados” por introyecciones que se nos “regurgitan” hasta que nos detenemos a escucharlas,  par transformarlas y asimilarlas de formas sana y acorde a nuestra propia naturaleza.

La función social  que adquiere la relación de una persona con un caballo es muy potente,  ya que la forma como  nos movemos con  el caballo, es la forma como nos movemos con  el mundo,   es por tanto  que a través de la proyección, podemos ir dando  forma a  la experiencia para una asimilación más sana y dotación de nuevos recursos.

 

¿Cómo nos ayuda el caballo co-terapeuta?

El caballo nos enseña y nos ofrece su aceptación incondicional, sin juicios, nos acepta tal cual, sin importarle nuestro físico, nuestra cuenta corriente, nuestros orígenes, ni nada más de nuestra vida que nuestra presencia en ese momento,  nuestra esencia.

Nos transmiten fortaleza, lealtad, libertad,  paz, sosiego,  el gusto por la vida, simplemente por el estar, no  por el “ser”.

Nos informa que los problemas que surgen en la relación con  ellos siempre tienen que ver con cómo estamos,  son el espejo  de nosotros mismos, es por ello que tenemos que tener muy claras las cosas antes de interactuar con  ellos, nos exigen saber qué queremos de ellos( y antes,  de nosotros mismos),  estar claros y conscientes, conocer nuestras  limitaciones, nuestras carencias,  nuestras formas de contactar el mundo en  general, nos exigen disciplina y firmeza para poder respondernos y ofrecernos lo que les estamos pidiendo, siendo imposible obtenerlo de otra manera.  Nos exigen llevarlos con la cabeza y con el  corazón, no con la fuerza.

Nos demandan  tranquilidad y relajación en el trato  con  ellos y respeto  de su espacio vital y su ritmo  desvelándonos con  ello el  nuestro propio e invitándonos a respetar el proceso natural de las cosas.

Nos enseñan de la necesidad de los demás y de la vida  armónica en sociedad a la vez que de nuestra autonomía y responsabilidad.

Nos enseñan paciencia con  ellos y nosotros mismos para llegar a coordinarnos y obtener lo mejor y más sano para ambos en nuestro  relacionando.

Nos demandan comunicación a través de nuevos canales  lo que nos ayuda a desarrollar nuestras aptitudes y a despertar nuestros sentidos.

Los caballos no sólo nos aceptan, sino que nos ayudan a aceptar de forma más natural y espontánea a nosotros mismos y a los acontecimientos tal y como vienen, para mantener así un estado  lo más saludable posible para nosotros mismos y ya de paso a quienes nos rodean. Nos ayudan a fluir con la vida, con lo que hay, y a dejar de oponernos a las obviedades presentes para así  poder superarlas y crecer aliviando   y transformando el  sufrimiento.

Las sesiones de terapia con el caballo

En función de la persona y del caso,  tendremos en cuenta las necesidades para desde ahí plantear de forma interdisciplinar  unos objetivos claros y definidos y por supuesto  realistas, tanto si se trata de hipoterapia, equitación terapéutica, volteo terapéutico, equitación adaptada o psicoterapia-terapia con  el  caballo.  Las sesiones de terapia con el  caballo son  complementarias al trabajo  de psicoterapia en consulta y deseable que vayan  acompañadas, pero en el caso  que por motivos varios, no fuera posible  realizar ambas, siempre podemos trabajar con  el  caballo desde la parte sana del paciente, potenciándola para una mejor calidad de vida.

En el caso  de la hipoterapia, con personas con  discapacidad física, es imprescindible la presencia de un fisioterapeuta, además de la psicóloga y monitora del  caballo, para desde ahí trabajar en equipo interdisciplinar sobre la situación.

La duración de las sesiones individuales en  terapia con  el  caballo puede ser de aproximadamente una hora,  en hipoterapia concretamente, dependiendo  del caso y las peculiaridades físicas, pueden ser de 30 minutos o 45 y no todos los ejercicios tienen que ser desde arriba del  caballo igual que en  el  resto de modalidades de terapia con caballo. La frecuencia deseada de las sesiones es de sesión semanal. Todas las terapias en cualquiera de su modalidad, empiezan con la elección del  caballo en  el caso que se pueda elegir y el  equipo lo considere oportuno, acercamiento, cepillado-aseo  del paciente hacia el caballo,  previo  al  resto  de ejercicios de la sesión.

Tras cada sesión se realizan siempre los registros correspondientes por parte del equipo que utilizará en las siguientes intervenciones,  de forma hilada en el proceso de terapia.